Y después de cuatro años deseando ese momento, para otros después de toda una vida, llegó, llegó nuestro pregón.
Llegó el momento que tanto habíamos esperado. Y fueron tantos nervios, tanta ilusión, tanto ánimo, tantos ensayos, tantos enfados, tanto tiempo, tanta dedicación... Y tantas risas, sonrisas de felicidad, también lloros; lloros de emoción, de rabia contenida, de presión, de nervios. Después de un mes preparándolo todo, para enseñar lo que sabemos, para demostrar lo que valemos y lo que somos, salió, salió adelante.
Y con todo, te das cuenta, de lo que una experiencia puede marcar tu vida, de lo que puede llegar a significar, estrechas lazos con personas que jamás imaginarías, llegas a conocer lo que de verdad valen las personas.
Entras al lugar que ha sido como tu casa durante un mes, y los ves a ellos, las personas que te han acompañado, que te han demostrado tanto en este tiempo; y te sientes orgullosa de ellos, de su trabajo y de tu trabajo, de tu grupo, de tus profesores.
Agradeces que todos los momentos los hayas tenido que vivir junto a ellos.
Y cuando llega el día te pones nerviosa e intentas enseñar todo lo que sabes y te tiemblan las piernas, pero de repente subes y oyes como te aplauden, oyes como las 75 personas que han estado apoyándote gritan tu nombre y te dan todo su apoyo desde ahí abajo, y todo se olvida, sólo piensas en que lo tienes que hacer bien por ellos, por los que te ven, por los profesores que han tirado de ti y han luchado para que todo saliera adelante. Y sale, claro que sale.
Llega la coreografía final, la bailas y los vuelves a ver, te vuelves a motivar y piensas "por favor que todo esto no se acabe nunca" que dure para siempre. Pero todo lo bueno, tiene su final y lloras, lloras muchísimo, de pena y de felicidad, todo se ha terminado, ya no queda nada, sólo los recuerdos que te han hecho un poquito más feliz día a día. Pero piensas que el recuerdo nunca se borrará, que esto ya estará contigo para toda la vida.
Dar cualquier agradecimiento a cada uno de los que han contribuido en esto, se queda corto, cualquier palabra de gratitud se queda muy corta. No hay palabras para explicar todo lo que le debes a esas personas, pero al fin y al cabo han sido ellas, han sido los que te han hecho crecer un poquito más como persona, conocerte y conocerles.
Resumir tanto en tan poco, sería imposible, porque si no lo vives, nunca llegarías a entender lo que se siente, lo que significa. Quedarte con lo bueno y con lo malo, con las felicitaciones y con las correcciones, quedarte con todo y ni siquiera sería suficiente.
Más que "Mucho más que dos" yo diría: Mucho más que 75, mucho más que una simple actuación.
De verdad, muchas gracias.
Texto: Estefanía Fernández
Vídeo: Beatriz López